domingo, 23 de agosto de 2009

LOS CUATRO ACUERDOS

En su libro, Miguel Ruiz nos explica cómo la sociedad se funda bajo un sistema de adaptación social. Las personas aprenden a interpretar la sociedad según el imaginario colectivo a través de un proceso de “domesticación”, en el cual los valores y valoraciones de la realidad son implantados a la fuerza en las personas desde su nacimiento, sin mediar consentimiento alguno por parte de ellos. De esta forma nos muestra cómo de cierta forma la sociedad está formada por ideales que realmente son ajenos a ella, lo cual conlleva una serie de problemas.
Para contrarrestar estos problemas, el autor sugiere cuatro acuerdos con uno mismo, el primero de los cuales es ser impecables con nuestras palabras. El autor afirma que las palabras son armas de doble filo pues contienen un enorme poder que puede ser productivo o destructivo.
El segundo acuerdo propuesto es el de no tomarse nada personalmente. Si nos tomamos las cosas personalmente, estamos de acuerdo con esas cosas y llenamos de veneno emocional nuestros seres y nuestras vidas. Debemos independizarnos de lo que diga la gente y empezar a ser seguros de nosotros mismos para que no nos afecten las opiniones de los demás.
El tercer acuerdo que nos propone el autor es el de no dar nada por supuesto. Esto muchas veces nos lleva a creer en cosas que no son verdad, simplemente porque las damos por supuestas y por ende verdaderas. Esto también tiene consecuencias emocionales pues podemos suponer erróneamente, opiniones y dramas que nos involucran. Adoptar suposiciones también conlleva problemas en nuestras relaciones.
El cuarto y último acuerdo es una máxima de vida que nos permite realizar los primeros tres, y cualquier otra actividad en nuestras vidas: Haz siempre lo máximo que puedas. Hay que tener en cuenta que nuestras expectativas deben ir de la mano con nuestras capacidades y nuestro estado energético.
Adicionalmente, debemos hacer un esfuerzo por liberar nuestra mente de los “viejos acuerdos”, la basura que nos han metido a la fuerza. Solo así podremos ser libres, plenos, y en ultima instancia, felices.

Mi primera clase con Don Adonay

Tras haber cursado la primera etapa de Sistemas de investigación y razonamiento jurídico con don Gustavo González, tenía previsto toparme con una típica clase, altamente teórica y magistral, para la primera lección de esta segunda etapa del curso. No pude haber estado más equivocado.
Nunca imaginé que una lección de Derecho podía ser abordada de una manera tan holística, abarcando aspectos del ser humano tan divergentes del Derecho, tales como el espíritu, el amor, la conexión existente entre todos los hombres, etc. Espero que a lo largo del curso se sigan desarrollando estos temas en aras de una formación más integral y menos frívola.

Amar al prójimo como a uno mismo

Muchos son los autores y pensadores que han dedicado extensas obras a describir y divagar sobre el amor hacia el prójimo. El amor es un sentimiento de conexión y sacrificio para con otro ser, para con uno mismo. Es un sentimiento que crea unión y felicidad, que concilia en lugar de dividir, y genera armonía.
En mi opinión, amar al prójimo como a uno mismo, puede resultar incluso redundante. Al fin y al cabo todos somos parte de un mundo que compartimos y por ende existe una conexión inherente entre nosotros. Cuando amamos al mundo, cuando nos amamos a nosotros mismos, estamos amando al prójimo, aun cuando existan discrepancias y molestias entre nosotros, debemos comprender que odiar a alguien es odiarse a uno mismo, puesto que el odio carcome el alma propia y no la del odiado.