En su libro, Miguel Ruiz nos explica cómo la sociedad se funda bajo un sistema de adaptación social. Las personas aprenden a interpretar la sociedad según el imaginario colectivo a través de un proceso de “domesticación”, en el cual los valores y valoraciones de la realidad son implantados a la fuerza en las personas desde su nacimiento, sin mediar consentimiento alguno por parte de ellos. De esta forma nos muestra cómo de cierta forma la sociedad está formada por ideales que realmente son ajenos a ella, lo cual conlleva una serie de problemas.
Para contrarrestar estos problemas, el autor sugiere cuatro acuerdos con uno mismo, el primero de los cuales es ser impecables con nuestras palabras. El autor afirma que las palabras son armas de doble filo pues contienen un enorme poder que puede ser productivo o destructivo.
El segundo acuerdo propuesto es el de no tomarse nada personalmente. Si nos tomamos las cosas personalmente, estamos de acuerdo con esas cosas y llenamos de veneno emocional nuestros seres y nuestras vidas. Debemos independizarnos de lo que diga la gente y empezar a ser seguros de nosotros mismos para que no nos afecten las opiniones de los demás.
El tercer acuerdo que nos propone el autor es el de no dar nada por supuesto. Esto muchas veces nos lleva a creer en cosas que no son verdad, simplemente porque las damos por supuestas y por ende verdaderas. Esto también tiene consecuencias emocionales pues podemos suponer erróneamente, opiniones y dramas que nos involucran. Adoptar suposiciones también conlleva problemas en nuestras relaciones.
El cuarto y último acuerdo es una máxima de vida que nos permite realizar los primeros tres, y cualquier otra actividad en nuestras vidas: Haz siempre lo máximo que puedas. Hay que tener en cuenta que nuestras expectativas deben ir de la mano con nuestras capacidades y nuestro estado energético.
Adicionalmente, debemos hacer un esfuerzo por liberar nuestra mente de los “viejos acuerdos”, la basura que nos han metido a la fuerza. Solo así podremos ser libres, plenos, y en ultima instancia, felices.
domingo, 23 de agosto de 2009
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